¿Y el pueblo? ¿Qué papel desempeñaba en todo esto el pueblo? Lo que hoy llamamos "pueblo" entonces se denominaba "los súbditos", "los vasallos", "los sujetos"..., nombres todos que indican netamente que la gente sin privilegios (el vulgo) eran, ante todo, los sometidos y los servidores de los poderosos.
Es norma del Senado el que ningún asunto se resuelva el mismo día que se propone, sino que se difiera para la reunión siguiente, para que nadie, sin madurarlo, exponga lo primero que se le ocurre, y después quiera sostenerlo tercamente, mirando más a su amor propio que al bien público, ya que son muchos los que llevados por una necia vergüenza, para que no parezca que obraron a la ligera, prefieren que prevalezca su opinión antes que la salud del pueblo, en aquello que debían tener bien estudiado para poder hablar con más conocimiento y menos prisa.
No comienzan su labor muy de mañana, ni trabajan continuamente, ni durante la noche, ni se fatigan con perpetua molestia como las bestias, porque es una infelicidad mayor que la de los esclavos la Vida de los trabajadores que han de estar a su tarea sin descanso, como ocurre en todas partes, menos en Utopía ... Dividen el día y la noche en veinticuatro horas, dedicando seis horas diarias al trabajo, tres por la mañana, al final de las cuales van a comer. Tienen una siesta de dos horas después de la comida, y una vez descansados vuelven al trabajo por otras tres horas, que se terminan con la cena.
En los países en que casi todas las mujeres (que son la mitad del pueblo) trabajan y los hombres se dan al reposo, además del gran número de sacerdotes y religiosos que no producen nada con sus manos, ni los señores ricos y herederos (a los que el vulgo llama nobles y caballeros), incluyéndose en esta cuenta a toda la caterva de los que sirven a estos últimos de espadachines y truhanes, y a los mendigos que teniendo salud fingen enfermedad por holgazanería, hallaréis que son muchos, los que no producen nada; y entre los que trabajan hay una gran parte que no se ocupan en cosas necesarias, ya que donde todo se consigue con dinero es forzoso que haya muchas artes totalmente vanas, que sólo sirven al antojo y al exceso ... En Utopía las cosas no ocurren así, porque estando todas las cosas y las Ciudades compuestas y ordenadas de una vez, raramente acontece que se elija nuevo sitio para fundar edificios, y no sólo acuden con brevedad a reparar lo que se deteriora, sino que lo previenen con tiempo, antes de que amenace ruina. Por esto sucede que los edificios duran mucho tiempo, y que los Maestros de Obras tengan poco en qué ocuparse, si no es en tener preparados maderos y sillares para que cuando la necesidad lo pida, puedan acudir con mas diligencia a las reparaciones.
una vez satisfechas las necesidades públicas, se disponga del mayor tiempo libre posible para que todos gocen de libertad, y desarrollen sus valores espirituales, porque estiman que en esto consiste la verdadera felicidad.
Esto se logra pasando los niños que sobran de una familia a otra que les falten, para formar su cómputo. Si alguna vez se multiplican más de lo determinado y justo, con los que sobran se compensan las zonas despobladas de otras ciudades. Si en algún caso en toda la isla hay excesiva muchedumbre de moradores, hacen un padrón y en el continente fundan colonias sujetas a sus mismas leyes, convidando a los naturales de aquella tierra a que vivan en su compañía, si tienen gusto en ello. Una vez que se han juntado con los que aceptan este trato, fácilmente se conforman con las costumbres y las leyes que son de utilidad para ambos pueblos. De esta suerte, con sus buenas ordenanzas hacen que se fertilice la tierra que antes era estéril y miserable; y a los que no se conforman con este trato los echan de los términos que han señalado para sí, y tienen por justo el hacer la guerra a los que se resisten.
De estos almacenes cada padre de familia saca todo aquello que necesita para sí y para los suyos, sin dinero ni nada que lo sustituya. ¿Por qué se le negará nada si allí hay abundancia de todo, y Sin temor a que nadie pida más de lo que necesita? ¿Y qué objeto puede tener el pedir con exceso cuando se está seguro de que no faltará nada de lo necesario? Es cosa manifiesta que cuando no hay temor de que falte lo que se necesita, cesa la ambición de querer acumular aquella clase de bienes, y como esta ambición no se da en Utopía, viven perfectamente tranquilos.
limpias por obra de los esclavos, ya que no consienten que los ciudadanos se ocupen en degollar, cortar y desollar los animales, por considerar que estas prácticas inducen a los hombres a la fiereza, crueldad e inhumanidad, y temen que se atrofien los afectos de la piedad natural. Se prohibe que ninguna cosa inmunda, sucia o asquerosa entre en la Ciudad, cuya putrefacción corrompa el aire y provoque enfermedades.
En los Comedores Colectivos se encargan a los esclavos todos aquellos trabajos que se tienen por serviles y menos decentes. El aderezo y guiso de las viandas, así como la disposición de las mesas, corre a cargo de las mujeres, por turno de familias.
- La utopía incluye a esclavos!
así, el estar a la vista de todos hace que el trabajo honesto aparezca como forzoso, de lo que resulta una gran abundancia de bienes de la que participan todos, con lo que no hay posibilidad de que existan necesitados ni mendigos.
Incluso ocurre que cuando una Ciudad que antes estuvo en la abundancia y pudo socorrer a otra, cuando se encuentra en necesidad no pide nunca a las Ciudades que ella antes socorrió, para que no parezca que quieren cobrar, sino que se dirigen a aquellas que no ayudaron nunca ... La séptima parte de lo que llevan para vender lo reparten entre los pobres de aquella tierra, y lo demás lo venden a precios moderados.
El hecho es que de la utilidad que la naturaleza ha dado al oro y a la plata, los hombres podemos privarnos sin quebranto alguno; si no hubiera ocurrido que la ignorancia de los hombres les ha inducido a dar más valor, no a lo que es mas útil, sino a lo que es más escaso. La naturaleza, como madre próvida, dispuso que las cosas mejores fuesen abundantes y fáciles de conseguir, como el aire, el agua y la tierra; y las viles y de ningún provecho las escondió más que aquellas que ayudan poco.
Su vajilla es de barro cocido y de vidrio, y es lo único que usan para comer y para beber. Con el oro y la plata, tanto en los edificios colectivos como en las casas particulares, hacen orinales y bacinillas para las necesidades más inmundas. Además de esto, con tales metales construyen grillos y cadenas gruesas, para castigo y prisión de los esclavos, y para castigar los delitos más infames cuelgan zarcillos en las orejas del delincuente, y les llenan los dedos de anillos de oro, y con el mismo metal les hacen gruesos collares para el cuello, y también con oro hacen unos bonetes con los que les cubren la cabeza, en castigo de su delito. Así, por todos los medios, procuran envilecer e infamar la estimación del oro y de la plata. Con lo que sucede que estos metales tan codiciados en las otras naciones, son tan despreciados en Utopía que aún perdiendo todo el oro y la plata que tienen, les parece que no han perdido nada.
Los de Utopía se maravillaban de que un hombre cuerdo pudiera arrobarse ante el vano resplandor de, una piedrecilla, pudiendo mirar la hermosura y belleza de los Astros, y aún del mismo Sol. O de que hubiera hombres tan vanos que se figuren que son más nobles porque vistan telas más finas y lujosas,
No aprecian las conjunciones y oposiciones de los astros en relación con los acontecimientos felices o adversos, ni la astrología, ni las adivinaciones, que estiman engañadoras o burladoras. Por la experiencia de muchos siglos conocen ciertos fenómenos que con anticipación les señalan los vientos, las lluvias y sequías, y demás mudanzas del tiempo.
Como deleite del alma ponen el entendimiento y aquella dulzura, que procede de contemplar la verdad, juntando a ello la memoria de haber vivido bien. El deleite del cuerpo lo dividen en dos aspectos: uno que recrea lo sensible y restaura la vitalidad que hay en nosotros fomentándose con la comida y la bebida, así como en otras ocasiones expulsando aquellas cosas de cuya abundancia está lleno el cuerpo, como evacuando el estómago o en la generación, o dando satisfacción a algún prurito, en cuyos casos se goza de un deleite natural. Hay otro deleite que no responde a ningún deseo de los sentidos, sino a una fuerza oculta que produce delectación, y es la Música. La otra especie de deleite corporal es el que consiste en la quietud y el sosiego de un cuerpo sano y normal, no interrumpida por ningún achaque. Ello por sí mismo causa gran gusto, aunque no le venga del exterior ningún deleite y suavidad. Porque aunque no se manifiesta por los sentidos, como el desordenado apetito de comer o de beber, muchos sostienen que es el mayor de los gustos.
Y no solamente los hombres, sino también las mujeres, durante el transcurso de su vida dedican al estudio gran parte de las horas libres de sus labores profesionales.
- Toda una idea innovadora para la época.
pero su tema primero y principal consiste en examinar la felicidad del hombre, y si ésta estriba en una sola cosa o en varias. Se inclinan más de lo justo en creer que la felicidad del vivir consiste en el deleite, y se sirven para esto de la Religión, que para ellos es grave y severa. Estiman que la felicidad no está en cualquier deleite, sino en los justos y honestos. Aseguran que nuestra naturaleza se deja llevar a este mismo deleite como sumo bien, por medio de la virtud. La virtud la definen diciendo que consiste en vivir según la Ley Natural
Sienten finalmente que la razón inflama a los hombres en el amor y veneración a la Divina Majestad, a la que se debe el ser que tenemos, y el que seamos capaces de la propia felicidad, y que nos alienta para que pasemos la vida alegre y sin trabajos. A este intento hemos de mostrarnos agradecidos a la naturaleza ayudando a los demás para que gocen de lo mismo.
¿Quién duda de que la misma naturaleza inclina a los hombres a hacer con los demás igual que consigo mismo? ... siendo cierto que la proximidad convida a los hombres a que se ayuden unos a otros para poder gozar todos de una vida deleitosa y apacible, la misma naturaleza manda que no se atiendan tanto las propias conveniencias que se ocasione el malestar de los demás, porque en el linaje humano no hay ninguno tan superior que todo haya sido hecho para él.
Tienen por cosa muy importante no sólo que se cumplan los contratos que libremente se hacen entre particulares, sino también el cumplimiento de las leyes dictadas por un Príncipe justo, o que el pueblo no tiranizado ni engañado estableció de común consentimiento acerca de las comodidades de la vida
si uno se priva a sí mismo de algo bueno para darlo a los demás, es humanitario; y es cosa cierta que tal acción nunca priva de tanto bien como reporta, porque se compensa con el retorno de otros beneficios. Además de que el conocimiento de la buena obra, con el recuerdo de la gratitud de aquellos a los que se ha beneficiado, trae el ánimo un deleite mayor que el que habría experimentado con aquello de que se privó.
Consideran que son inútiles y nocivos para la felicidad aquellas cosas que los hombres tienen por agradables, pero que son contrarias al orden natural. Estos falsos deleites se van apoderando de la mente humana y la incapacitan para gozar de los deleites verdaderos. Así ocurre con los que se dejan llevar de la codicia, que por su propia naturaleza no es cosa suave y deleitosa, sino que origina amargura y pesar, y con todo, sus perversos atractivos seducen de tal manera que no solamente se ponen los motivos de deleite en la codicia, sino que se considera como el principal atractivo de la vida.
Por todas estas consideraciones los de Utopía tienen completamente prohibida la caza, como menester propio de carniceros; profesión que han relegado a los esclavos. Cuando se caza por la necesidad de la vida humana el cazador toma gusto en la muerte de la pieza, y esto - dicen - es propio de un ánimo dispuesto a la crueldad.
todos afirman que la salud perfecta es el principal deleite, indicando que el dolor y la enfermedad es el principal enemigo del deleite. ¿Qué gusto puede haber donde la salud falta?
mejorar las deficiencias del terreno con ciencia, solicitud y cuidado ... benignos y apacibles, amantes de la tranquilidad; son firmes en sus trabajos, de manera particular en los estudios, con los que adornan su espíritu.
En el conocimiento de todas estas cosas no solamente sacan un gran deleite, sino que además encuentran en ello motivo de gratitud al Sumo Hacedor de todo lo creado, al cual consideran como Supremo Artífice que nos dejó esta máquina del mundo para que el hombre la contemplara, ya que es el único ser creado que es capaz de este conocimiento. Están convencidos de que el Señor ama más a los que andan curiosos y solícitos tras estos conocimientos de sus obras, que los impulsan a admirarle más
A cualquiera que sea persona culta y que haya viajado, si llega a la Isla de Utopía para conocer su modo de vida y sus instituciones, le acogen con benignidad, pues oyen con gusto lo que pasa en naciones lejanas.
Unicamente tienen como esclavos a aquellos que por algún delito han incurrido en la pena de esclavitud, ya sean naturales de Utopía, ya sean extranjeros, lo cual ocurre frecuentemente.
Si la enfermedad es incurable, con, grandes y constantes dolores, los Sacerdotes y el Magistrado le visitan y confortan, tratando de persuadirle de que hallándose inepto para los actos de la vida, molesto a los demás y pesado a sí mismo, que no se rebele contra su pronto fin queriendo alimentar la maligna enfermedad. Que siendo su vida un tormento, no dude en morir, antes bien lo desee con la confianza de tan miserable estado, ya sea quitándose él mismo la vida o pidiendo que se la quiten, ya que al morir no dejará comodidades, sino la peor miseria.
En la elección conyugal emplean un sistema que me pareció muy chocante, pero que ellos lo tienen por muy prudente. Una mujer mayor y de buena fama manifiesta a la doncella (o viuda) al futuro esposo completamente desnuda, y lo mismo hace un grave varón con el novio ante la novia. Al criticarles yo esta costumbre por parecerme impropia, me respondieron que ellos se maravillaban de la locura de la gente que cuando compran un caballo, que al fin y al cabo es cosa de poco precio, van con tanto cuidado que lo quieren ver sin la silla de montar, para cerciorarse de que debajo de ella no existe ninguna matadura; y cuando eligen esposa que puede dar solaz o fastidio durante toda la vida, son tan negligentes que se contentan con verla toda cubierta y envuelta, sin conocer más que su rostro, en el que todavía podría esconder algún defecto que después le descontentaría de haberla elegido.
No admiten que haya abogados, porque quieren que ante los Tribunales cada parte exponga su razón, ya que de esta manera se habla menos y se llega mejor a la verdad cuando se expone sin exuberancia de palabras. Los jueces despachan las causas con solicitud, y favorecen sistemáticamente a la gente sencilla contra los astutos y malignos.
según sea el delito se le impone la pena más o menos grave, a criterio del Senado.
Casi todos los delitos son castigados con servidumbre, lo cual es más proporcionado a la maldad y a la administración de la República que el quitarles la vida, ya que ayudan más con el trabajo que con la muerte, y con su ejemplo constante aperciben a los otros a guardarse de semejantes culpas.
la voluntad determinada a pecar, aunque no se lleva a efecto, es merecedora del mismo castigo.
- El "piensacrimen" de Orwell.
Tienen pocas leyes, y. abominan a los pueblos que llenan volúmenes y volúmenes con glosas, reglamentaciones, órdenes y disposiciones. Consideran como una iniquidad el obligar a los hombres con tantas leyes que no se pueden siquiera leer todas, y tan complicadas que no son inteligibles.
Cuando estos dos males: la pasión y la injusticia, se apoderan de los jueces, pervierten la autoridad y debilitan todos los órganos de la República.
No se unen en confederaciones y alianzas, como hacen otras naciones, que tan aficionadas son a pactarlas y a renovarlas. ¿Por qué hemos de confederarnos - dicen -, si basta la común naturaleza humana para conciliar a los hombres entre sí? Y si esto no basta, ¿podrán prevalecer las palabras? Aparte de que los tratados de paz y los convenios se observan poco fielmente entre los Príncipes de aquellos países ... siempre se halla alguna ambigüedad en las palabras que las expone al artificio y a la interpretación, y por esta causa cualquier alianza que se haga siempre corre el riesgo de romperse al menor pretexto.
nada tienen por tan infame como la gloria adquirida por las guerras.
se ejercitan en la disciplina militar en días y lugares señalados para este objeto, no sólo los hombres, sino también las mujeres
muchas veces la necesidad extrema se convierte en virtud.
Hay varias religiones en Utopía, no sólo en la Isla, sino también en cada Ciudad. Unos adoran el Sol, otros la Luna, otros alguna de las Estrellas; y aun algunos veneran por Sumo Dios a algún hombre de una gran virtud que existió en tiempos pasados. Pero la mayor parte, que son los más instruidos, no reverencian ninguna de estas cosas, sino que creen que hay una divinidad oculta, eterna, inmensa e inexplicable, la cual interviene en este mundo más por afectó que por poder.
uno de ellos sin mandato del Sumo Pontífice, pero cuando yo salí de su tierra no habían decidido nada.
- No toma posición
Lo único que se tenía por ilícito era el afirmar que las almas mueren con los cuerpos, o que el mundo viene gobernado por el azar sin intervención alguna de la providencia divina
Los hay que creen en la inmortalidad de las almas de los animales, aunque con dignidad diferente de las de las personas, no estando destinadas a igual felicidad.
Ninguno llora a los que mueren contentos y con buena esperanza, sino que sus exequias son gozosas, encomendando sus almas a Dios.
Hacen poco caso de las supersticiones adivinatorias, tan en boga en otros países
Los Sacerdotes, como los Magistrados, se eligen por el Pueblo por votos secretos, para no fomentar rivalidades.
la religión, ya que no siendo una sola sino varias, son de tal forma que todas van dirigidas al mismo fin, que es el culto a la Divina Naturaleza, aunque lo hagan de diferentes formas y por diversos caminos.
Con vistas a esto en los templos no hay ninguna imagen, para que libremente cada uno pueda dar curso a su pensamiento y a sus sentimientos religiosos. Tampoco se pronuncian los nombres particulares de los dioses, sino únicamente el de Mitra, con el cual todos están conformes para designar a la Divinidad Suprema, cualquiera que ella sea.
No sacrifican animales, porque no pueden llegar a persuadirse de que la divina clemencia se complace en ello, ya que dio la vida a todo cuanto la tiene para que gozase de ella.
La riqueza se levanta como diosa, a base de un mundo de miserables a los que pueda mandar y de quienes pueda triunfar, y cuyas desdichas la hagan resplandecer haciendo alarde de su poder y ostentación, con lo que se aflige y aumenta más la necesidad y la miseria. Esta serpiente venenosa se enrosca en el pecho de los hombres y como si fuera el pez rémora los detiene y les hace volver atrás, impidiendo que sigan una feliz travesía de la vida; tan arraigada está en los hombres la soberbia que son pocos los que pueden arrancarla. Me contento con que esta forma dé República (que ya quisiera yo que todas fueran igual) al menos haya podido realizarse en la Isla de Utopía.
He referido de la manera más exacta que me ha sido posible las cosas de aquella República que no solamente tengo la certeza de que son muy buenas, sino que estimo que únicamente ella puede llamarse República porque aunque en otras partes se trate verdaderamente del bien público siempre se atiende más al particular. Mientras que en Utopía todos miran preferentemente la utilidad común, dejando en segundo término el propio interés.
No hay ningún pobre, porque nadie posee nada en particular, siendo todos ricos en común.
No es ingrata e injusta aquella República que desperdicia grandes caudales en los que llama nobles, en los artífices de cosas vanas, en los bufones, en los inventores de deleites superfluos, y en muchos otros por el estilo, no teniendo el menor interés por el bienestar de los agricultores y toda clase de trabajadores, sin los cuales la República no podría subsistir?
Estas invenciones de los poderosos, adornadas con los colores de la nación, se convierten en leyes; y los hombres perversos con codicia insaciable se reparten entre ellos los bienes que debían destinarse a la necesidad de todos. ¡Qué lejos está esto del bienestar de la República de Utopía!
¿quién no sabe que los engaños, hurtos, robos, tumultos, alborotos, enemistades, motines, asesinatos, traiciones y venenos (que cada día son más frecuentes, porque los castigos no bastan para evitarlos), todo ello desaparece si se desprecia el dinero? ... se hubiera podido proveer al sustento si aquel dinero (que con tanta excelencia fue inventado para que con su ayuda se abriera la puerta al remedio y al sustento) no hubiera sido el que cerró el camino y estorbó el remedio.
he de confesar llanamente que muchas de las cosas de Utopía, más deseo que confío llegarías a ver en nuestras Ciudades.
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